Declaración de intenciones y estilo

¿Qué es este BLOG, y por qué un blog en pleno 2021?

Una fiesta, bueno perdón, una post-fiesta, 12:00 de la mañana, la primera copa me la tomé hace… ¡buf! 15 horas, creo.

Quedamos todavía un grupo de 12 personas, cada cual con peor cara. Al principio de la noche nos hubieras invitado a comer a casa con tus padres, pero ahora, nos hubieras dado limosna y dicho: “Esto para comida, no para droga”.

Y de hecho así hubiera sido, si nos hubieras dado limosna se hubiera gastado en Droga, en todos los casos, menos en uno:  Yo (bueno, en cerveza o una última copa, eso no te lo niego. Acaso no es el alcohol una droga más? La verdad es que NO rotundo)

De pronto alguien saca del bolsillo un gramo. Ha costado 50€ y se lo ha comprado a un chaval que no conocía de nada en una discoteca que ya de por sí reúne a gente fuera de tono. Como nosotros por qué negarlo. 

De nuevo, a ese tío le compras un gramo de cocaína y lo metes en tu cuerpo, pero te aseguro, que no comerías del mismo trozo de pizza que ha mordido. Eso si, te vas a meter por la nariz algo que lleva absorbiendo el sudor de su bolsa escrotal durante toda la noche. 

 Alguien, al que no conozco mucho, pero ahora somos amigos o eso parece creer él por haber acabado en la misma casa de “after”, saca la bolsa de cocaína. De su escroto también. Es simpático ver que meterse la mano en los huevos es un gesto absolutamente deleznable, a no ser que detrás suyo haya una bolsa con contenido psicodélico e ilegal.

Todo comienza a girar a su alrededor, la cocaína son los Donettes de la edad adulta. 

Su amigo, o eso parece, aunque no conozco a ninguno de los dos, saca de su bolsillo una cartera de cuero, un DNI y un billete al que enrolla en circulo. 

“La cocaína es lo mejor del mundo”. Dice. De repente. Sin venir a cuento, más que como un niño frente al cristal de una pastelería diciendo “Yo quiero comer Nocilla toda la vida”.

Hace gestos que simulan el masticar, pero entre la descoordinación de sus neuronas y lo seca que tiene la boca, los sonidos son despreciables nivel 10 en la escala de lo que soporta mi estomago con 8 (bueno o 10) copas encima.

“La cocaína es la puta hostia” contesta su amigo. Chocan las manos, mientras miran el festín que pronto resbalará por su garganta y se ríen con muestras de cariño.

“Madre mía”, pienso, parecen dos Yonkies tirados sobre su propio orín riéndose de forma inconexa. 

De pronto, el furor del comentario comienza a extenderse por la habitación. 

“¡Viva la cocaína!”, “Madre mía niño! Si no hubiera cocaína, ¿para que vivir?”… 

Y otros comentarios que demuestran que de esa habitación no saldrá jamás una generación de literatos.

De pronto un “Uuuueeee” que hacía de pegamento entre desconocidos, desconocidos pero hermanados en el pedo de after. “Uuuueeee” todos menos yo. Yo no “Uuueeeee-do”

Estos dos chavales desconocidos, son ahora, los reyes de la fiesta. La exaltación a la cocaína se extiende con la misma facilidad que el populismo político sobre la ignorancia. Me he quedado solo. Muy solo. De pronto ellos son el referente de la diversión, el buen royo, la exaltación de la amistad. Y yo soy el abuelo con mirada crítica que señala desde una esquina. Y eso que todavía no he abierto la boca.

Poco a poco la gente se va acercando a pillar cachito del festín. Unos van con el dinero por delante, otros son capaces de hundir su imagen pública por que les dejen “comer” un poquito “de la bolsa”. De ahí el nombre.

Yo le miro nublado desde la esquina (recordad que soy el viejo cascarrabias y que estoy borracho, muy borracho). A lo mejor en mi cara se puede leer algo (cuando pienso se me puede leer) pero no soy consciente.

  • Charlie (ese soy yo) ¿Te pones un tiro?

A ver, pues no, pero voy a contestar suave, que no quiero entrar en el típico debate de estas noches.

La gente que se mete cocaína no sabe acabar un debate. Son muy repetitivos. Creen que están dando un argumento muy sólido pero la mayoría de las veces parecen aquel meme de la chica con el lefazo en el pelo hablando de enzimas.

  • No, yo no me pongo.
  • ¿Por qué?

Mierda

  • Porque… No. 

De hecho tengo muchas razones. Pero lo vamos a dejar en esa. Que conozco como acaba esto y soy yo discutiendo con toda la habitación. Ese soy yo.

  • Pero… ¿Te da miedo?.

Si, a veces, me han contestado eso. También está el “Pero alguna vez lo has probado?”, “¿Pero… Porque no te gusta?” “Venga un poco, que yo te invito”… O incluso alguna vez directamente una agresión verbal.

Creo que es porque el que se mete cocaína en su foro interno sabe que no está haciendo lo correcto, y si alguien en la habitación no consume se sienten juzgados.

Es como: Si todo el mundo consume, el barco pudiera salir a alta mar, pero si alguien no consume, al mirarle ven la tierra firme y de alguna forma hace de espejo en su naufragio mental. 

  • No, miedo no. Me da asco. 

La semana pasada otros típicos acoplados estuvieron vacilando a un amigo mío, por no querer consumir más. 

Él estaba tan pedo, que solo decía tonterías y no daba pie con bola. Además, la verdad que en estado normal ya no tiene ni media hostia, ahora con semejante mezcal de drogas, era una ameba de la guerra. 

Casi tuvieron que separarles de él, porque le estaban haciendo putadas ya cercanas a ilegales. Cercanas a peligrosas. Y es que ese es el problema de gente que se viene arriba, que en algún momento hay que pararlos. 

  • ¿Asco?

Hay gente que hace eso. 

Te pregunta como dándote la oportunidad de que reduzcas tu afirmación. De que bajes la apuesta. Como esperando un “A ver… asco, quiero decir…” y a mi me pone de muy mala leche que crean que la presión social me va a hacer dar un paso atrás en mis ideas. Así que suelo subir la apuesta. 

  • Me dan todo el puto asco. Me da tanto asco que a la palabra “ASCO” le salen pelos.

Lo sé, es una imagen genial, reconozco que no es mía, es de mi mejor amigo: Ricardo. Un genio de las relaciones abstractas. Me permito usarlo porque es mi hermano, pero cito la fuente porque no sería capaz de robarle una genialidad así.

Después de ese intercambio se sucede la posterior tensión tras mi rotunda afirmación (¿De verdad he sido yo el que ha creado el mal rollo? ¿De verdad he sido yo? ¿Cuál era la otra opción? ¿Meterme la raya para no generar tensión? ¡No me jodas!) y con la raya dibujada sobre una cartera con mi nombre, que se usará para el nevado, así que tampoco se va a tirar. La habitación respira tensión, la he creado yo, o eso está en la cabeza de todo el mundo, se de lo que hablo, pero creo que no había otra manera de defender mis ideales. 

Y esto es este BLOG. Un momento tenso en una fiesta de After, en la que alguien se pasa de la raya (bien traído ¡eh!) y otro, que soy yo, le falta tacto para no entrar al conflicto como el toro con la capa roja. 

Os invito a que lo podáis vivir desde vuestras casas, ya que yo lo viviré en mis carnes porque no se hacerlo de otra manera.

¡Así que bienvenidos!

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