MI PRIMO Y YO VAMOS A ESCRIBIR UN LIBRO SOBRE RAMÓN. NUESTRO ABUELO

¿Quién era mi abuelo Ramón?

De mi abuelo Ramón solo tengo un recuerdo. 

Me sentaron en sus piernas (o cerca). Yo era pequeño, claro. Él estaba en una silla de ruedas, llevaba una manta tapándole las piernas y se le caía un poco la saliva. 

Padecía de Alzheimer en un estado muy avanzado y vivía en un hospital, es el único decorado en el que yo le he visto. Así que fue allí. 

Recuerdo, como niño que era, sentir algo de miedo, incluso rechazo (al final es saliva de alguien anciano y por qué no decirlo: te dicen que es tu abuelo, pero… te lo tienes que creer y ya). 

También recuerdo asombro y curiosidad: Es “mi abuelo” quiero conocerle. Pero es mi abuelo, “un abuelo”, una persona adulta por excelencia… Y no se entera de nada. De hecho recuerdo pensar que se comportaba como un bebé: Balbuceaba, se le caía la baba, tenía la mirada perdida… ¿Qué clase de adulto es esta?

Yo era casi bebé, pero para mí, ya había mucha diferencia entre como se comporta un recién nacido y yo que, ya, tenía bastante interacción. 

Recuerdo estar anonadado con eso.

Me faltaba muchísimos años para enterarme que “eso” se llama Alzheimer.

¿Cómo puede ser que alguien tan, tan (TAN) mayor se comportase como un bebé?

No recuerdo las palabras exactas que usé para comunicarle mis inquietudes a mi abuela, pero conseguí trasmitirle exactamente el concepto de mi pregunta. Eso seguro. Lo sé porque recuerdo perfectamente la respuesta que me dio:

“Es que el abuelo es muy mayor y cuando alguien es tan mayor, empieza a decrecer y convertirse en bebé”

Claro… Me petó la cabeza. 

Mi padre dice de mí que siempre he sido muy preguntón, que nunca lograba saciar mi curiosidad con una pregunta, siempre había otra, otra, otra y otra detrás. De hecho mi padre me decía “CULO, he dicho culo” que era parte de un chiste malísimo, pero me lo repetían constantemente. Siendo justos no sé si era tan malo, pero le tengo mucha manía porque era una forma de decirme “No hay más respuestas, señoría”

Hijos de puta, con la cantidad de preguntas que tengo. ¿Habéis visto este mundo que se abre ante mis ojos? ¡Quiero respuestas!

El caso es que debí decir algo como “¿Se vuelve a convertir en Bebé una persona mayor?… (cara desencajada) ¿Y después de ser bebé que pasa?”

Mi abuela, supongo que a medias de una conversación con otra persona adulta, y a medias de mi (Yo) tirando de su chaqueta para obtener la respuesta a la que (todavía no lo sabía) pero es probablemente la pregunta más importante de la historia… Y NO TIENE RESPUESTA… Pero yo tenía 2 años y creía que SI, no solo que tenía respuesta, sino que la tenía mi abuela y que solo tenía que lograr que me prestara atención un segundo para obtenerla.

Hay niños muy pesados. Yo fui uno de ellos. Pero no me jodas, ¡Tiene la puta respuesta a ¿qué hay después de la muerte?!, ¡Dímelo ya! Quizá yo soy pesado, pero si no luchas por esa respuesta… No meces los “Sapiens” en tu especie. 

El caso es que mi abuela, con afán de que la dejase en paz y, de paso, soltase su jersey cerca de romperse, (era muy pesado y muy bruto). También es cierto que estábamos allí para ver a mi abuelo Ramón, no para que yo investigara filosofía, me contestó:

“Después de ser bebé, sigues empequeñeciendo más y más, y te conviertes en un ratón muy pequeño, muy pequeño y te vas corriendo por ahí… “

Mi cabeza era ahora una deconstrucción Lynchiana.

E hizo un gesto de correr por mi tripa. 

Se levantó y se fue. 

Y así es como llegue a pensar durante años (demasiados) que las ratas que me cruzaba eran, en realidad, antepasados nuestros que después de viejos se habían convertido.

Puede parecer irónica la historia, mi abuela me inculcó el hinduismo en plena España de 1987. 

Después de eso, me hice una foto al lado de un coche, del coche de mi padre, con una boina y esa foto me ha acompañado toda la vida en el salón de mi casa. 

Yo siempre he sabido que esa foto fue hecha el día que conocí y vi por ultima vez a mi abuelo Ramón. No sé si este dato es 100% real, pero seguro que es mi único recuerdo con él. 

Sin embargo, Ramón ha estado muy presente en mi cabeza desde siempre. Ramón ha sido una figura de ejemplo, de imitación y de rascar los pocos conocimientos que he podido de él, no solo por saciar sed de curiosidad, sino como timón en las decisiones de mi vida.

Ramón murió el 07 de Agosto de 1990.

Sin embargo, es rara la comida en que no genera una discusión en la mesa de mi casa cuando nos juntamos la familia. Su mujer, Antonia, mi abuela, sigue entre nosotros, aunque, por lo que sé abandonó el hinduismo.

Yo llevo su nombre. Mi padre lleva el del padre de Ramón. Me llamo “Carlos Ramón” y ese segundo nombre es porque en mi familia desde el siglo 17 (había unos pazos gallegos que pasaban de Padres a hijos) el padre se llamaba Pedro, el hijo Ramón, el hijo de Ramón: Pedro, y el hijo de Pedro: Ramón. 

Mi padre se llama Pedro y yo, como ya no hay pazos ni nada, lo llevo en el segundo nombre. Carlos Ramón.

Sin embargo, de pequeño no sabía que me llamaba así, de hecho creo recordar que me enteré con 14 años cuando me hice el DNI. “Te llamas Carlos Ramón” (Boom, otra vez, me petó la cabeza). Me lo contaron y pregunte, pregunté y me lo contaron. 

Para mi, Ramón siempre había sido un referente, alguien al que imitar.

Me hizo muchísima ilusión y desde entonces y hasta ahora siempre he obligado a que todo el mundo pusiera Carlos Ramón en cualquier documento. Porque es mi nombre Carlos Ramón y, gracias a eso, llevo conmigo una parte de mi abuelo: Ramón.

Realmente no sé mucho de Ramón, esa es la verdad, le siento mucho más de lo que le conozco. 

Tengo anécdotas con mi padre, que dice que me parezco mucho a él. 

(por ejemplo)

Yo me he auto-diagnosticado TOC en algunos momentos de mi vida, no sé si será verdad que lo tengo, pero vamos, el perfil lo doy.

Yo fumaba en la época en la que todavía vivia en casa de mis padres. Fumaba, y mis padres lo sabían. No lo ocultaba, vamos. 

Un día, mi padre entró a mi habitación mientras yo hablaba por teléfono, abrió un cajón y exclamó “¿Pero esto qué es?”

De manera cero discreta, mi padre es así.  Por ejemplo: Mi padre te ve hablando por teléfono, quiere preguntarte algo y te lo pregunta de forma repetida una y otra vez, cada vez más alto hasta que obtiene su respuesta. (Como yo vamos).

Recuperó el entusiasmo “¿¡Pero qué es esto!?”. Parecía asustado (incluso).

Miré y era un cajón de mi habitación lleno de paquetes de tabaco, vacíos, que yo había ido guardando… Y no sé por qué. No sé LA RAZÓN de por qué guardaba eso, pero lo guardaba… Bueno si lo sé, pero es un poco “psico”, es porque con todos los paquetes de tabaco que me había fumado me había pasado algo legendario (tenía 17 años, TODO era legendario) beso a una chica, fiesta divertida, aprobar un examen difícil… Y lo guardaba de recuerdo. No tiene sentido porque luego no sabía cuál es cuál, pero me costaba deshacerme de eso que me había acompañado ese día tan especial ¿TOC? Puede ser, no estoy aquí para negar nada, sino todo lo contrario.

El caso es que mi respuesta fue poco más de “Ah! Pffff” y levantar los hombros. 

Sin embargo, mi padre (ya sabéis: un Pedro) dijo:

“Joder me ha dado un vuelco el corazón al verlo… Mi padre (Ramón) hacía esto también… Tenía cajones llenos de Paquetes de tabaco vacíos”

Recordad que yo estaba hablando por teléfono. 

“Oye, luego te llamo, que mi padre está en pleno climax dramático” (No creo que tuviera ese vocabulario con 14 años, pero le insulté, eso seguro.)

¿El abuelo Ramón? Le pregunté. En mi casa todo va de preguntar. Bueno, ahora que lo pienso, ¿no dicen que los Gallegos contestan todo con preguntas.? Coincidencia o no, Ramón era Gallego. Y Pedro, y Ramón, y Pedro… 

“Tu abuelo (Ramón) hacía esto, y siempre le preguntaba “Pero papá, para qué guardas los paquetes vacíos? Y siempre me contestaba “Vai cagar!”

Tras ese incidente en algunas ocasiones, mi padre me decía: “¿Cómo puedes tener tantas cosas de tu abuelo, sin haberle conocido?”. Piropazo.

Ya era un referente, pero ahora mucho más porque había conseguido parecerme hasta en las cosas más locas, las que nadie cuenta, los fallos, que son los que de verdad forja una personalidad única. El resto te lo imitan. 

Mi abuelo Ramón está (y estaba entonces) cerca de mi. Mi abuelo está en mi.

Espero que disfrutéis de la lectura tanto como mi primo y yo, disfrutaremos el camino.

Carlos Ramón.

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